jueves, 16 de mayo de 2013

RAREZAS IV.


HORIZONTES.
(UN MOMENTO EN EL OLVIDO II)
Estaba dichoso de alegría. Sus ojos no pesaban más, sino todo lo contrario; estaban abiertos al mundo más que antes, inmerso en un nuevo camino que se dibujaba delante de él con líneas de luz.

En una de las numerosas conversaciones que tuvo con Emiliana durante el vuelo, hablaron de la ansiedad que ambos tenían por sentir la cristalina agua tocarles los dedos, sentir cómo les recorría la piel, mientras que un sol totalmente disímil al que había experimentado antes, los acariciaba suavemente.

¿Olvido?, ¿Adónde fue eso que llaman olvido cuando uno ni sabe que se ha perdido?, cuando se vuela en una nube que surca un sinfín de paisajes que ni la vida alcanzaría acoplar la mitad de ellos, pero la imaginación aparece para llenar todos aquellos inalcanzables lugares.

Él y Emiliana se encontraban en una cabaña cerca al mar y lejos de toda civilización. ¿Qué importaba?, la vida pasaba lentamente y cada segundo se había convertido en vida completa desde el momento en que llegó. Era la calma que necesitaba, la lejanía y un suceso de coincidencias que cambiaban el gris que rodeaba su vida. Todos los fantasmas se perdían con el tiempo. Emiliana: la mujer del o que poco se sabía y que aún así había dado un giro drástico a la vida de Él con tan solo una sonrisa y una mirada.

A veces no basta el tiempo que permanece una persona, sino momentos específicos, momentos que rayen el alma, la piel, que dejen una huella que provoque tan solo sonrisas.

Se dice que Él y Emiliana pasaron un mes en Indonesia disfrutando de la soledad y siguieron recorriendo el mundo, dejando un momento en cada uno de ellos, dibujando nuevos Horizontes.

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