jueves, 30 de mayo de 2013

La desazón de Pablo


Mi nombre es Pablo. Leí El túnel de Ernesto Sábato cuando tenía 14 años. Ha sido el mejor libro que he leído en toda mi vida, sin duda alguna. No sé si está permitido enamorarse del personaje de una novela, pero María Iribarne me pareció la mujer más encantadora que he conocido, ella desencadenó en mí un particular gusto por las mujeres mentalmente inestables.
No sé si fue un error leer tan joven ésta novela, pero últimamente me siento un poco triste y angustiado. Tengo 20 años y no sé qué hacer con mi vida. A veces quiero ser exitoso, otras veces ser un ser humano normal: tener casa, esposa, hijos y dinero, otras veces deseo leer y viajar por todo el mundo. ¿Cuál es el camino más apropiado?
Me gusta la vida, no soy un potencial suicida, no lo crean. A veces camino por los campos de flores, para alejarme de la industrializada ciudad y respirar aire limpio, mi alma se llena de paz y serenidad. Me gusta el cine, me gustan los ojos de Sofía, el reflejo de la pantalla en sus ojos mientras esboza una leve sonrisa y cuando agarra mi mano con fuerza. Pero vuelvo a la realidad, a la cotidianidad, a las calles y veo miseria, todo me llena de nostalgia, el perderme unas horas de Sofía me causa una profunda desazón.
Siempre la he deseado, su cuerpo es armonioso. Pero un día estábamos en mi apartamento, la vi desnuda, su imagen me produjo náuseas, tuve que entrar al baño y vomitar. Me senté a llorar al lado del inodoro, no sé qué me pasaba. Esto nos ocurrió más de una vez. Sofía decidió dejarme.
Cada vez me siento más ambivalente, Sofía me hace falta. Un día salí a caminar por el centro de la ciudad y pensé en Juan Pablo Castel, ese desgraciado que creía ver a María Iribarne en todos los lugares. Esa maldita historia me quebró en dos. ¿No dicen que la Literatura es un arma contra la adversidad?
Ahora soy un náufrago, con el amor de Sofía perdido y con el oleaje hasta el cuello. 

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