Mi nombre es Pablo. Leí El túnel de Ernesto Sábato
cuando tenía 14 años. Ha sido el mejor libro que he leído en toda mi vida, sin
duda alguna. No sé si está permitido enamorarse del personaje de una novela,
pero María Iribarne me pareció la mujer más encantadora que he conocido, ella
desencadenó en mí un particular gusto por las mujeres mentalmente inestables.
No sé si fue un error leer tan joven ésta novela,
pero últimamente me siento un poco triste y angustiado. Tengo 20 años y no sé
qué hacer con mi vida. A veces quiero ser exitoso, otras veces ser un ser
humano normal: tener casa, esposa, hijos y dinero, otras veces deseo leer y
viajar por todo el mundo. ¿Cuál es el camino más apropiado?
Me gusta la vida, no soy un potencial suicida, no
lo crean. A veces camino por los campos de flores, para alejarme de la
industrializada ciudad y respirar aire limpio, mi alma se llena de paz y
serenidad. Me gusta el cine, me gustan los ojos de Sofía, el reflejo de la
pantalla en sus ojos mientras esboza una leve sonrisa y cuando agarra mi mano
con fuerza. Pero vuelvo a la realidad, a la cotidianidad, a las calles y veo
miseria, todo me llena de nostalgia, el perderme unas horas de Sofía me causa
una profunda desazón.
Siempre la he deseado, su cuerpo es armonioso. Pero
un día estábamos en mi apartamento, la vi desnuda, su imagen me produjo
náuseas, tuve que entrar al baño y vomitar. Me senté a llorar al lado del
inodoro, no sé qué me pasaba. Esto nos ocurrió más de una vez. Sofía decidió
dejarme.
Cada vez me siento más ambivalente, Sofía me hace
falta. Un día salí a caminar por el centro de la ciudad y pensé en Juan Pablo
Castel, ese desgraciado que creía ver a María Iribarne en todos los lugares.
Esa maldita historia me quebró en dos. ¿No dicen que la Literatura es un arma
contra la adversidad?
Ahora soy un náufrago, con el amor de Sofía perdido
y con el oleaje hasta el cuello.
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