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miércoles, 15 de mayo de 2013

RAREZAS III



UN MOMENTO EN EL OLVIDO I.

Estaba cansado. Sus ojos pesaban y había estado totalmente perdido de lo que era la normalidad, pero no una normalidad de rutina que cada día, sino una normalidad de paz, de lo que llaman calma.

En sus momentos de olvido era donde más recordaba, donde más tenía presente sus rarezas, demonios, penumbras y demás, abriendo paso al indescriptible desespero que sentía por la impotencia a no enterrarlo todo.

Y entonces, ¿Dónde queda el olvido? ¿En dónde se alojan estas oscuras sombras?

Tomó sus llaves, empacó parte de su ropa y al salir se encontró con una lluvia que no dejaba divisar más allá de unos cuantos metros de vista. Corrió hacia su carro y emprendió marcha al aeropuerto lo más pronto que pudo. Así comenzó.

Sentado en el aeropuerto pensativo de por qué estaba allí y para dónde iba, volteó la mirada y vio una mujer morena, de cabello negro y ojos un tanto rasgados pero que no le quitaban la expresividad en lo absoluto.

Ella sonrió y se sentó a su lado, tendiéndole la mano y presentándose con el nombre de Emiliana. Ella le comentó que se dirigía a Indonesia a pasar un tiempo lejos de casa y abrir un poco más la mente. Él no lo pensó dos veces y compró su tiquete al mismo lugar que ella.

Emiliana pensaba que el tipo estaba medio loco por haber tenido ese ataque, pero de alguna manera se conformaba con las casualidades de la vida, así que sonrió y ambos viajaron mientras conocían un poco más de ambos. Sus demonios, sus rarezas y penumbras se perdieron un momento en el olvido.

Entonces todo resulta relativo cuando hablamos de la conveniencia de olvidar y recordar. El bienestar de un alma atormentada por sus incertidumbres depende de la disposición a olvidar, pero el problema surge cuando el recuerdo involuntariamente está y acecha. Es por eso que necesitamos una nube que opaque ese antiguo sol que está a punto de morir, de estallar, que acecha y quema cada día con sus rayos. Una nube que haga volar lejos de toda realidad y es allí, cuando la impaciencia surge junto con la necesidad de volar, junto con el desprecio a  la idea de lo vacío que es vivir esperando a morir, esperando que ese sol te calcine y haga desaparecer lo que llamabas esencia.

El vuelo llegó a su fin, mientras otra vida esperaba tras la compuerta de este.

jueves, 9 de mayo de 2013

RAREZAS II


DEMONIOS.
Mi cabeza me da vueltas, mis ojos no logran distinguir mi alrededor, solo una luz encima de mí que me enceguece y me hace entrecerrar los párpados. ¿Dónde estoy? Mi cuerpo punza fuertemente contra mis sentidos. No me puedo mover, ¿Cómo llegué hasta aquí?, ¿Es esto el cielo, o quizás el infierno?

Recuerdo sirenas sonando en plena calle en la entrada del bar, gente corriendo de un lado a otro. ¿Y yo, dónde estaba? Si hace poco discutía con mis amigos, una que otra copa, dos, tres, cuatro…cinco o, ¿Quizá diez?

-¡Todas las noches, es todas las noches lo mismo!- Gritó alguien, -Te llenas de la misma partida de hijueputas, de las mismas sanguijuelas que te vuelven tan deplorable, te viven sacando todo, destruyéndote y vos no reaccionás.- Todo se tornó oscuro.

…Recuerdo un traqueteo constante, mientras un dolor agudo subía desde mis pies a mi cabeza y mi vista estaba perdida en un punto específico de lo que parecía una pequeña cámara o habitación blanca. Un ruido invariable sonaba, mientras una mujer gritaba “¡Se va!.” Y yo, ¿Por qué tengo estas memorias si no recuerdo haber estado allí? O, ¿Acaso es una alucinación, producto de mi insensatez?

Es un abismo sin fin, una tortura que nunca termina, son demonios que me persiguen, la incertidumbre, la ira, el miedo tras un alma turbia y yo, yo aquí tumbado en una camilla, sangrando por razones que mi memoria no me permitía recordar, llorando cual niño abandonado, llorando sin siquiera tener consciencia ni conocimiento de los hechos.

Una pluma se desliza por mi pecho, intentando cerrar la herida, pero una oscura nube se acomoda, una nube de ira, de miedo, de pasada soledad y arrepentimiento, justo encima de mí y mi corazón deja de latir.


…El despertador sonó, abrí los ojos y mi vida continuó.





Escrito escuchando Bring Me The Horizon.

lunes, 6 de mayo de 2013

RAREZAS I


UNA MUJER
Nos miramos a medida que las luces de la calle frente al café en donde nos encontrábamos se encendían, abriendo paso a la noche mientras un nuevo sol moría con el cáncer que es el tiempo.

Tu cabeza gacha mostraba pena, incertidumbre, con el pensamiento abrumado por antiguos fantasmas y nuevos arrepentimientos. Las estrellas de tus ojos se desvanecían al igual que la galaxia que era tu sonrisa, agotada por un agujero negro de miedos.

Quiero hablar, describirte las maravillas del universo entero y entregarlas a lo más profundo de tu alma, esa pequeña paloma enjaulada en tu cuerpo lleno de inocencia, esa inocencia que asesina con pasión en las noches serenas y en días turbios me somete al desespero de tenerlo a mi lado, en medio de la soledad que las sabanas conceden y la lluvia golpetea la ventana, mientras al ritmo de las frías gotas imagino tus pequeñas caricias al unísono de ellas por mi alma fragmentada en siniestro infierno y un tanto de angelical cielo entregado por ellas mismas.


Pero tomaste tu cartera, tu abrigo y mientras el miedo que la moralidad emplea en el humano te embriagaba, saliste por la puerta de aquél café, a medida que la luna te iluminaba aquel hermoso cabello negro, reflejándola como si viera altamar en plena avenida.