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domingo, 18 de marzo de 2012

Canción de la vida profunda

Comparto un poema de Porfirio Barba Jacob, uno de mis favoritos.


El hombre es una cosa vana, variable y ondeante.
Montaigne

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar...

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! Nos hacen sonreír...

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llano del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Más hay también ¡oh Tierra! Un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver:
un día en que discurren vientos ineluctuables....
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

La habana, 1915