martes, 23 de abril de 2013

Un barco a la deriva


Alegoría

Él es un barco a la deriva con sus sonrisas. Siempre fue un marinero acostumbrado a un océano salvaje, a un oleaje violento, a las más temibles tormentas, a los infortunios más terroríficos de la naturaleza.
Pero… esas aguas cristalinas y apacibles, las cuales parecían susurrar y cantar en ese día, eran totalmente desconocidas para el marinero. El sol posado en su cénit, con el cielo completamente despejado, absolutamente azul e infinito, con las gaviotas alegres y rimbombantes, daban una sensación de tranquilidad inmensa, que el marinero se negaba a reconocer.
Curtido por el sol, salió a la parte delantera del barco para contemplar tal acontecimiento. Simplemente no lo podía creer, que esa sensación fuese humana, perceptible.
El marinero satisfecho, alzó sus brazos, cerró los ojos y dejó que el viento lo besara, y susurró: mi verdadera conquista. – mientras volvía a abrir los ojos y contemplaba la inmensidad del océano. 

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