Esa maraña de hojas, tierra y raíces,
me arrastra hacia el bosque. El lago cristalino está apacible, se siente una
tranquilidad casi ensordecedora. La inmensidad de los árboles y la cantidad de
hojas, solo dejaban entrar unos débiles hilos de luz. La humedad se vuelve un
poco insoportable. Al otro lado del lago, hay unas colosales piedras musgosas,
estas forman una pequeña cueva. Los sonidos del bosque se empieza a juntar en
una misma melodía. Nunca me había percatado que en estos lugares había
música. Todos estos susurros, de animales, lagos y vegetación se combinan en
una sinfonía casi perfecta.
La tierra empieza a palpitar, las
ramas de los árboles se empiezan a mover, pero no logro identificar lo que
origina estos extraños movimientos. Percibo una luz tenue al otro lado del
lago, en la cueva específicamente. Me sumerjo en el agua. Aparentemente no es
muy profundo.
Hay unas escaleras naturales que
descienden. La gruta también lo es. Al final de la bajada está la luz.
Siento unos hijos delgados muy finos,
besándome, los aparto de mi rostro, son telarañas.
Una mano suave, delgada y fría sujeta
la mía y me hala suavemente, casi invitándome a seguir la gruta. Parece
extraño, pero no me inmuté, fue una sensación apacible y seductora. Sin
embargo, no veía nada, solo sentía dichas sensaciones. Al terminar de
descender, la sensación desapareció, inmediatamente.
Lo primero que vi fue una sala
redonda, hecha de piedra, estaba un poco húmeda. Había una pequeña antorcha,
era la única fuente de iluminación. En medio de la sala, había una gran roca,
perfectamente redonda. Al acercarme, vi que tenía una calavera dibujada en su
parte superior.
Al ver esto, el ambiente se tornó
espeluznante y fantasmagórico. Una corriente de viento helado entró en la sala.
El viento me abrazó, luego acarició mi rostro.
La muerte, apacible y
silenciosa, besándome suavemente.
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