viernes, 12 de abril de 2013

LOBOS EN MI PUERTA.


La juventud hoy en día se está corrompiendo, pensé por mis adentros mientras contemplaba la ciudad desde mi balcón y divisaba cada rincón, cada esquina de esta mugrosa ciudad con la que había crecido y que una vez soñé controlar con mis propios medios.
A medida que divisaba las calles, veía jóvenes mugrosos rondando mi pórtico mientras yo desde el tercer piso los miraba desafiantes. Era cuestión diaria, en realidad. A las 9 de la mañana se comenzaban a congregar y a eso de las 10:30 ya estaban todos unidos para acomodarse al frente a ver lo que hacía yo en mis aposentos. Sus miradas eran precavidas.
Debo admitir que mi casa era la más llamativa de la ciudad. 3 pisos, una piscina considerablemente grande, 3 autos…Las comodidades que cualquier hombre emprendedor desearía.
Aquí entre nos, debo admitir que no todo esto salió de mi salario, algunas cosas fueron un pequeño “regalo” de parte de los ciudadanos que quiero.- Y rió.
Al día siguiente, afuera de la casa del gobernador se juntaron los jóvenes, cada vez más iracundos con la situación de la ciudad. Hambrunas, falta de servicio médico, violencia en las calles, etc.
Los gobiernos son leones que se oponen a las necesidades básicas de su pueblo, cazando en cada rincón, como bestias salvajes tras cada pedazo de carne que se lanza al aire, mientras que el pueblo, casi como ovejas, flaquea y agonizan al ver sus sueños rotos, sus vidas y toda la fantasía invertida destruida por lo obstinado, abusivo y avaro que es esta bestia cuando sus garras buscan saciar una sed sin fondo, quizá una sed que jamás ha existido y ha sido provocada por alucinaciones de impotencia y miedo.
Pero, ¿qué pasa cuando las ovejas se convierten en lobos?, ¿qué pasa cuando la opresión estalla las venas de la paciencia?, se congrega la manada, acechando al león, esperando a que sus ojos entren al mundo de los sueños para desgarrar los costados.
Y es ahí donde se enfrentan. Leones guiados por la mano de dios, y lobos guiados por el acero de la ira.
La noche cayó y el hombre fue a su cama, como tenía por costumbre. Concilió el sueño y se desprendió de la realidad, mientras que en la calle, pasos marchantes resonaban al unísono. Fuego, pancartas…Era revivir una era medieval al ver al hombre convertido en furia, actuar por la impulsividad de la insatisfacción.
De repente, todos comenzaron a correr hacia la casa y se lanzaron en picada contra la puerta y los muros que rodeaban la casa, mientras que quemaban el patio y las cortinas que se salían al quebrarse las ventanas. Los ojos de aquel gobernador se abrieron.
-Han entrado, por fin han entrado-. Dijo a su mujer con voz temblorosa y  el miedo a flor de piel. Corrió hacia la puerta de su cuarto y la cerró y a continuación comenzó a correr objetos para hacer una barricada que le diera tiempo de idear algo para escapar de allí. La puerta comenzó a ser empujada y voces rabiosas se escuchaban al otro lado del muro. Los lobos estaban en la puerta, en su puerta, y el león caería junto con el vacío de imprudencia.
La casa estaba en llamas y su barricada a punto de ser traspasada. Su imperio a punto de ser derribado. Aquella Roma que soñaba estaba a punto de ser destruida igual que en tiempos pasados, no por la violenta acción que se llevaría a cabo, sino porque lentamente en sus muros una grieta se formó, una grieta causada por su propio beneficio.
Entra la manada y aquel hombre desaparece en medio de el fuego, el humo y la muchedumbre.

Estas calles no están pintadas en oro. No debemos creer todo lo que nos dicen, pues la decepción está en el aire que respiramos. El paraíso no lo hacen quienes lo desean para ellos, sino los sueños que cada uno de nosotros construimos. El mundo no debe cambiar, lo que debe cambiar es nuestro mundo.
Es cierto que la vida no es justa y siempre nos dicen que todo está bien, que nada sucede, pero en las calles muere gente, hay angustia y terror. ¿Hasta cuándo caminaré con la mirada perdida a la espera de algo mortal?, ¿Cuántos más tendré que ver irse de este mundo? O ¿Cuánto más tendré que esperar a que la justicia descienda de los cielos para organizar este desmadre de mundo en el que vivimos?
No veo la hora de comenzar a vivir por mi cuenta, no por mi necesidad de libertad, pues amo estar en casa, sino para aportar aunque sea un pequeño tramo a todos estos kilómetros que nos hace falta para llegar al destino donde la tranquilidad invada nuestras almas, pero no una invasión barbárica, sino una invasión eterna.

Negro, me haces falta.

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