¡Oh, sirena! Te has quedado, finalmente, atascada en la realidad. Sabía que eso pasaría… ¿Qué ha pasado con tus sueños más profundos y maravillosos de
conquistar todos los océanos? ¿Qué te pasa, dulce sirena?
Antes te veía día y noche, enamorando a
incautos marineros, desafiando el salvaje océano. Siempre pensé que la realidad
era poca cosa para ti, y que lo pasajero, superficial y efímero de la
naturaleza nunca iban a inmutar tu espíritu.
Tú, sirena, tenías dulces ojos, rostro
perfecto y tierno, con tus cabellos rojizos…. Te desconozco, eres irreconocible
para mí.
Ahora tienes la tez tostada por el sol,
arrugas y mirada melancólica. Jamás pensaste que este día iba a llegar, pero
sí. Un día te das cuenta que no eres capaz, y mucho menos solo, no… Nadie es lo
suficientemente duro para desafiar a la existencia, y menos vacío, como lo
estabas tú. El egoísmo te abalanzó sobre ese abismo, al cual nunca creíste que
ibas a llegar, por tu estúpido orgullo. Siempre te tendía la mano, pero
pensabas que tu vanidad te iba a sostener infinitamente.
Has fallado, mi dulce sirena.
¡Oh sirena!
Tú que desafías el oleaje
Tú que todo lo puedes y
logras,
Navegar por salvajes aguas,
Incluso, enamorar intrépido
marineros.
Pero hoy, has fallado dulce
sirena.
Has caído en tu intento,
En tu intento de conquistar
el absoluto.
Has llegado al abismo
Oscuro, espeluznante y
fantasmagórico,
El que siempre temiste.
¡Oh dulce sirena!
Solo me queda contemplar tu
fracaso
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