No
entiendo cómo se escapó el libro de Morelli del desván donde tengo guardado
todos los libros que en algún momento de mi existencia insultaron mi
inteligencia. En ese último rincón de la casa guardo bajo llave aquellos
ejemplares de páginas malditas, ideas ininteligibles y palabras imposibles.
Pero ahí estaba, encima de la mesa de noche. Mi primer pensamiento sobreviene
con una arcada, y en primer lugar no cavilo en esclarecer la forma en que llegó
el libro ahí, si no que rememoro las
infinitas veces que he escuchado hablar a imberbes famélicos en cafetines a
cerca de este libro, tomando Espresso
con azúcar y luciendo sus nuevas gafas de pasta. Y sólo luego de sobreponerme
de las ganas de vomitar que me produce ese espantoso recuerdo, esfuerzo a que mi precaria razón me dé
cuentas de la visita inesperada de aquel espectro que yo creía olvidado.
Sé
muy bien que vuelve para burlarse de mí, para mostrarme el estilo único e
incomprendido de aquel surrealista afrancesado, el cuál me produce una
sensación de ponzoña cada vez que se ríe y deja entrever sus dientes pútridos y
mohosos, y es que ese libro me restriega mis intentos vanos de encontrar el
hilo dorado y la aguja azul que han de enlazar mis letras.
Sin
duda alguna es un libro arcano escrito por un autor arcano e incomprendido, del
cual todos intentan jactarse de una compresión absoluta. Pero lo que es más
cierto aún, es que es un libro que navega sólo y es causa de sí mismo. Es mágico en sí mismo, y por esto tan odiado
por mí, por que logra el remordimiento de añorar a aquella Elfa que todos
conocemos, deseamos tener y que siempre se nos escapa como líquido entre los
dedos y se nos chorrea deliciosamente por la comisura de los labios de sólo
pensar en ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario