Yo he pasado por fases en mi vida en las que no me
hallo, fases donde fracaso, no me encuentro y fallo. He tenido fases en mi vida
donde me levanto todos los días y siento que la vida puede ser mucho más viva.
Me siento en el bulevar y veo a mis amigos pasar junto con un millón de
personas que con prisa quieren su vida acabar y puedo sentirme feliz de saber
que mi vida tomó otro matiz, que mis amigos fueron la raíz de un nuevo comienzo
en esta vida infeliz, por eso ahora, cuando me levanto, la pereza desaparece y
siento que el sol una sonrisa merece.
También he tenido fases en donde odio, donde los
comentarios que oigo no son más que un sinfín de sonidos tediosos, donde no
comprendo las actitudes superficiales de aquellos que con banales suposiciones
afirman que la felicidad está donde en realidad no debe estar, que lo material es
esencial y que la hipocresía rige las sonrisas de todo aquel que con su lengua
adopta una posición destructiva.
A veces no comprendo cómo la gente puede perderse
de tanta maravilla y con ninguna cosa estremecerse, porque no hay ninguna
pesadilla que sea suficiente para abstenerse de lo que el mundo cada día nos
ofrece, dejar de ver a escasos metros de nuestras mentes y vivir sin temor a lo
que los demás piensen.
De vez en cuando es bueno recordar que por razones
de la sociedad no podemos olvidar que el verdadero sentido no está en lo que el
dinero nos quiere mostrar, lo importante en verdad es saber que la muerte el
mismo destino nos quiere dar, que nadie está por encima de los demás y que lo
único que en esta vida debemos lograr es sonreír, hacer reír y llegar a amar.
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