domingo, 9 de marzo de 2014

Día VI - Montañas de nieve

Todo esto mirando un cuadro.

Bourges es un hombre que siempre está huyendo. Nadie sabe con certeza de qué huye; su familia piensa que huye de sí mismo, sus amigos piensan que huye de los placeres que ofrece la juventud y otros simplemente creen que es una persona que nació en el lugar y en el tiempo equivocado.
Hace varios meses este hombre vive en Anchor, una ciudad septentrional que queda ubicada a riberas del río Min. Viajó desde el cálido trópico, para asentarse en esta fría región del globo terráqueo. Los nativos de Anchor dicen que allí viven dos tipos de personas: los mismos oriundos y los que huyen de sus tierras natales buscando algún tipo de regocijo en la soledad boreal, y que terminan convirtiéndose en auténticos anacoretas, o en su defecto, en algún tipo de escritor fracasado.
Bourges durante toda su niñez estuvo acostumbrado a los verdes vivos del paisaje y el aire cálido de las zonas tropicales. Sin embargo, siempre le pareció un paisaje melancólico y triste, un paisaje donde predominaban las mentiras, la hipocresía y el cinismo. Cuando Bourges pisó por primera vez el gélido suelo de Anchor, supo que después de tanto tiempo, después de 24 años de vida, había llegado por fin a casa; mientras alzaba su mirada y veía las colosales montañas cubiertas de nieve, una leve sonrisa se dibujaba en su rostro. Hace mucho tiempo Bourges no sentía una felicidad tan indescriptible, en su garganta se formaba un extraño nudo que no le permitía modular palabras inteligibles. Un sentimiento visceral de regocijo y paz le inundaban de lágrimas los ojos. Siempre estuvo huyendo, pero también buscando. Puede que su naturaleza estuviera trastornada y alterada, es probable que el ambiente jovial en el que siempre creció fueran una mentira particular, pero no general.

A veces la existencia nos pone en el lugar equivocado. El secreto está en buscar las montañas de nieve.


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