- Para
sepultarte. En definitiva.
Hoy
no tengo un libro en la mano, tengo dos. Uno es tuyo. El otro no. A decir
verdad el primero me lo devolviste con una pequeña dedicatoria, entre la
portada y la primera hoja en blanco, como queriéndome decir algo. En realidad
creo que la nota estaba en la portada y yo la despegué y la puse donde está
ahora, y tal vez quien quiere decir algo con ese gesto soy yo. ¿O tal vez la
nota estaba entre la última hoja y la contraportada? No lo recuerdo. Nunca
logro recordar esas cosas fantásticas que maravillan, por eso las tengo que
inventar, y aborrecer la realidad por mi falta de hallar detalles en lo cotidiano.
Tu nota es repetitiva y forzada, pero lo entiendo perfectamente, tanto que
duele como un venablo sutil y perspicaz. Sí, entiendo que dependía de mí que
todos mis libros estuviera repletos de tus notas en las portadas, las páginas
14 y 100, las contraportadas e incluso notas al margen de la hoja de tu puño y
letra, ¿ a quién no le gusta eso? Lo comprendo, y sé que fue una advertencia
tardía. Ha sido ese detalle el cual no me ha dejado sepultarte.
¿El
otro libro? Bueno, tampoco es mío. Me costó encontrarlo. Es pequeño y estaba
refundido entre los otros, y se supone que era el siguiente que te iba a dar
para que lo leyeras. Tiene unas 50 páginas y cuando lo empecé no pude parar
hasta que le di el último mordisco, era una obsesión. ¿Entiendes lo que quiero
decir?
Cuando
subí las escaleras, me habló una voz femenina que provenía de una habitación
oscura. Sólo podía percibir una silueta sentada sobre una cama a la cual el
pelo le cubría la parte lateral del rostro y el resto le caía sobre
unos hombres firmes.
Esa
es una pequeña imagen que recuerdo del libro, como recuerdo aquella vez que cayó
la noche mientras musitábamos en una habitación pequeña, y mientras eso
ocurría, cada minuto que pasaba tenía que esforzarme para reconocerte. Pensé en
encender la luz pero no podía, pues recordé aquella mujer misteriosa del libro.
Ambas eran la misma persona: una silueta perdida en la oscuridad, de
expresiones parcas y sobrias. Esa imagen se me hace cada vez más borrosa, y sólo se me viene a la cabeza aquel joven devorado por la habitación oscura y misteriosa de una mujer que no
lograba reconocer.
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