Escribir
no es algo tan fácil como aparentemente puede resultar; una letra seguida de
otra, guardando algún tipo de coherencia y cohesión y ya está (aunque valdría
la pena ver que resulta de poner un cúmulo de palabras indiscriminadamente a
ver qué sucede, los más escrupulosos podrían decir que se trata de un ejercicio
meramente psicoanalítico), se produjo un texto de 10 páginas. A veces se tiene una idea clara en la cabeza
y al momento de expresarla o escribirla en un papel resulta ser una experiencia
casi titánica. Es como si la idea nos empezara a martillar desde adentro
intentando salir, sin atavíos o alteraciones, pero por más que punza la cabeza
nunca lograr salir perfectamente, sin impurezas. De una forma caricaturesca así
me imagino el mundo de las ideas, todo límpido y pulcro, pero cada palabra o
cada plumazo es un agente extraño que se le inyecta a esas figuras indefinidas
y que bailotean en la mente.
Otra
cuestión que me resulta algo particular es la capacidad que tienen algunas
personas de expresar sus emociones. Algunos escritores tienen el prodigio de
decir con palabras muy simples las situaciones y percepciones de una manera
grandiosa, y muchas veces me surge la pregunta: ¿por qué eso no se me ocurrió
decirlo a mí?
Les
pongo un ejemplo, miremos qué dice la RAE del odio:
“ m.
Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.”
Bueno,
pero ¿qué es antipatía?
“f.
Sentimiento de aversión que, en mayor o menor grado, se experimenta hacia
alguna persona, animal o cosa.”
Pareciera
que la clave está en encontrar la definición de aversión:
“f.
Rechazo o repugnancia frente alguien o algo.”
Ahora
bien, la palabra rechazo nos da una idea un poco más clara, bajo mi punto de
vista, de lo que significan ese sinfín de sentimientos. Sin embargo, bien
sabemos que el odio no es un simple rechazo o una simple aversión, es una
sensación que va mucho más allá y que trasciende de una simple aversión, y ahí
es donde digo que el lenguaje muchas veces se nos queda corto y por más que
intentemos describir odio hacia alguien o algo, jamás lograremos decirlo
exactamente, y por eso escribir es tan difícil. Pero la grandeza de la
escritura, creo yo, radica en acercarse lo que más se pueda a esas extrañas
sensaciones indefinibles.
Quiero
poner otro ejemplo, miremos qué dice la RAE del amor:
“m.
Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia,
necesita y busca del encuentro y unión con el otro ser.”
Sin
duda alguna es una definición muy certera y precisa, digamos una de las mejores
definiciones del diccionario. Pero miren esta definición que da del amor
Cortázar en su libro Rayuela en el capítulo I:
“…Y
era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su
delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como
yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la
gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para
escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.”
Sin
duda alguna esto es una definición literaria, pero con mi forma de ver la realidad
me parece una manera acertada de definir lo indefinible, teniendo en cuenta que
Cortázar tampoco llegó a la precisión absoluta.
Otro
ejemplo del amor en Flaubert:
“El amor,
creía ella, debía llegar de pronto, con grandes destellos y fulguraciones, huracán
de los cielos que cae sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como
si fueran hojas y arrastra hacia el abismo el corazón entero. No sabía que, en
las terrazas de las casas, la lluvia hace lagos cuando los canales están
obstruidos.”
Otro
ejemplo para decir algo sublime, de Flaubert:
“A
veces pensaba que, a pesar de todo, aquellos eran los más bellos días de su
vida, la luna de miel, como decían. Para saborear su dulzura, habría sin duda
que irse a esos países de nombres sonoros donde los días que siguen a la boda
tienen más dulces holganzas. En sillas de posta; bajo cortinillas de seda azul,
se sube al paso por caminos escarpados, escuchando la canción del postillón,
que se repite en la montaña con las campanillas de las cabras y el sordo rumor
de las cascadas.”
Mi hipótesis
también caería en la encrucijada de las definiciones de la RAE, pero a pesar de
eso me parece una forma más certera de definir esas sensaciones que no se
pueden precisar de ninguna manera. Me gustaría abrir los diccionarios de la RAE
en posteriores ediciones y encontrarme una definición de este tipo, aunque mis
ideas también sigan bailoteando en la utopía.
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