domingo, 4 de agosto de 2013

El esnobismo hoy en día.

Hoy en la mañana me he despertado con un pensamiento acerca de un fenómeno que me viene impacientando cada vez más a medida que ha ido creciendo: El esnobismo.

Soy una persona que gusta de las redes sociales, que gusta de estar en contacto con las personas, con sus pensamientos, sus opiniones, sus gustos y eventualmente, intercambiarlos. Soy una persona que le parece adecuado compartir una que otra frase que haya leído por ahí porque me siento identificado con ella y a lo mejor, alguien más pueda sentirse identificado y, ¿Quién sabe? A lo mejor pueda servir de algo.

Todo lo que hago en mi vida me gusta conversarlo en privado con las personas. Me gusta tener una tarde agradable de conversación, de críticas sobre los dichos libros o incluso las películas, imágenes, cosas en general que se vea en la vida cotidiana.

Pero últimamente noto que en las redes sociales se ha creado una fortaleza de esnobistas, de personas que imparcialmente están mostrando cada pedazo de sus vidas por medio de fotos, más que nada.

Mis amigos más cercanos y yo, nos gusta compartir cosas puntuales, y en cuanto a algo específico, prefiero que sea directamente que generalizarlo en un público abierto.

¿De qué (disculpen) hijueputas sirve estar subiendo fotos de los libros que leo o de las películas que veo? Digo, está bien que disfrutara la película y hayan escenas que me hayan “marcado” o sencillamente gustado, o frases que de igual manera me hayan hecho sentir de una manera en particular, pero ya no tengo la necesidad de leer un libro o de ver una película, pues cada individuo de esta especie nueva me la cuenta.

Parece un fenómeno adolescente que ataca y posee a todo aquel que sienta el impulso de contar innecesariamente su vida. Parece que hay obsesiones tan drásticas, al punto de creerse un animal, cosa o incluso cambiar una vida de comodidades rudimentarias y comunes para dárselas de drogadictos que tienen gatos que hablan, y ven cosas y personas de colores (Un saludo a los que meten  o metieron Opio en las nubes).

¿Y qué decir de la conceptualización de arte? Ahora el arte está hasta en un mugre pegado a la ventana de nuestras casas e inmediatamente pasa por un proceso cruel de industrialización que les enseñaré: Se toma una foto, luego se filtra por una aplicación llamada Instagram, se sube a la red social y es acompañada por un “poema” que no tiene absolutamente nada que ver con el marica mugre de la ventana.

Ahora se comparten fotos de “revoluciones” cibernéticas, se habla de cambio y “Re-evolución”, de un “Nietszche para los pobres” o de una “Acción poética” que no contribuye en nada a las palabras que pregonan sin cesar estos individuos, como si fueran un Green Peace que en vez de fomentar el cuidado natural, cortan los árboles.

¿Es que acaso ya no se puede leer un libro y tenerlo guardado en la mente y discutirlo con alguien en particular? Al parecer no, al parecer todo el mundo debe saber lo que hago con mi tiempo libre, quizás así sea puesto en el FALSO pedestal “artístico” de la sociedad.


Madurar. Madurar es lo que hace falta, señores.

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