miércoles, 21 de agosto de 2013

Mi pequeño sinsonte.

Esos pequeños pies que tanto corren por doquier, con esas manitos que revolotean acompañados de la sonrisa imborrable me hacen pensar numerosas cosas acerca del futuro. ¿Acaso seré yo el que te tome en mis brazos cuando no estén papá y mamá?, ¿Seré una persona admirable a tus enormes ojos negros que miran con portentosa inocencia?

Temo y temo que no sea aquella persona que puedas llegar a admirar. Temo dejar en los pasos que dejo en tu camino alguna mina que te destruya la consciencia y te aleje de mi mano.

Pero ahora disfruto tu mala cara cuando provoco ira en ti, disfruto tus besos con esa pequeño boca, tus infantiles charlas y el inesperado asomo de una adultez aprendida de lo que percibes.

Pero en las noches frías, oscuras, donde cada pesadilla te abrume el sueño y brote tus lágrimas, ahí estará aquel hermano que te espera cada día en su silla, esperando que esas manitas intenten rodearme el cuerpo entero, que cuida y cuidará de ti e, que no permitirá que ese pequeño sinsonte pierda el vuelo.

Aún recuerdo aquellos momentos hace casi un año en que yo estaba lleno de ira, lleno de odio y desespero hacia el mundo entero, hacia mí sobretodo…Pero me carcomía la idea de que crecieras con un monstruo iracundo del otro lado de tu habitación, un monstruo que atacaba sin razón a cuanto se oponía a él. No, yo creo que hay algo más allá, más allá de la sangre que me hace sentir compasión por cada vez que me desprecias un abrazo o una caricia, creo que es la paciencia que tuve que comenzar a aprender para no ser un estorbo más.

Es que eres mágica, un ser de otro mundo que con tan solo dar un paso dentro de estos muros que nos rodean, fácilmente pueden desdoblar mis labios tensos en una sonrisa profundamente alegre.

Y la vida me enseñó que eras algo que no podía desperdiciar, que no podía dejar pasar, que prometí no perderme un momento de ti, porque ahí estaré cuando tu primer diente se escape de tu boca, cuando busques desesperadamente aquél ratón que deja dinero bajo tu almohada, tu primer día escolar y cada salida que pueda tomarte y llevarte a mis espaldas de vuelta a casa.

Aún me alegra que hayas cruzado tu camino en el mío, hermanita

No hay comentarios:

Publicar un comentario