El ser humano, por naturaleza, ha tenido una
curiosidad insaciable por aquello que desconoce o es nuevo para él. Se dice que
ésta singularidad fue potenciada en la Antigua Grecia con el nacimiento de la
Filosofía. La particularidad es que la Filosofía ha expuesto y tratado temas
trascendentales y vitales para la vida del ser humano; los límites de la
curiosidad fueron llevados a lugares menos triviales y superfluos, y empezaron
a surgir preguntas con un trasfondo tan amplio, que hasta el día de hoy se siguen
debatiendo cuestiones que surgieron en la Antigua Grecia.
Platón, uno de los hombres más influyentes de la
Historia y Filosofía Universal, se abalanzó sobre un río de violento caudal
preguntándose acerca de qué es la verdad y cómo se llega a ésta, con lo cual
resultó uno de los textos más ilustrativos sobre la verdad: “El mito de la caverna”.
Para Platón, en buena medida, no poseer la verdad o
estar muy lejos de ella, es estar cerca de un estado de ignorancia o una
condición de encadenamiento en lo profundo de una oscura caverna. Acercarse a
la verdad, según él, es ir hasta la superficie, de donde emerge la poca luz que
entra a la caverna. Metafóricamente, Platón sugiere que en el ascenso pueden
haber tropiezos e inconvenientes, y además, para estos seres encadenados y
habituados a la oscuridad, el paulatino acercamiento a la claridad de la luz
podría resultar molesto e insoportable.
Así pues, Platón hace una elegante analogía entre la
verdad y quienes intentan acceder a ella.
Por lo general, cuando sabemos una verdad de
cualquier índole, sea buena o mala, ésta genera un impacto significativo en
nuestras vidas, y aún más, cuando son cuestiones filosóficas que tienen un
carácter neurálgico en la existencia, como por ejemplo: ¿Qué es la felicidad?
¿Cómo ser felices? ¿Existe la felicidad? Al intentar responder estas preguntas,
al intentar llegar a su verdad, podemos vernos enceguecidos y opacados, en
algunos casos por que no eran las expectativas esperadas.
Aquí surge una duda más: esa desilusión puede resultar
del hecho de no haber accedido correctamente a la verdad, por haber ascendido
de forma incorrecta desde la profundidad hasta la superficie. ¿Cuál es el mejor
camino para acceder a la verdad? ¿Existen verdades absolutas? Donde comienza un
debate en el que, personalmente, nunca se llegará a un feliz término. Sin
embargo, y de eso sí no cabe duda, imponer una verdad por medios violentos,
intentando opacar las verdades del otro, es el acto más grande que puede
existir de ignorancia y encadenamiento.
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