Nos critican, nos señalan, se
burlan porque hablamos, se burlan porque queremos, se burlan porque hay más que
menos. Se burlan porque hoy, presentes o no, estamos unidos por una causa que
quizás muchos no perciben por ignorancia o porque sencillamente les parece
ridículo, pero cuando tenemos gente que vive de ello, que ha trabajado años por
dar educación a sus hijos y nietos a base de sus cosechas, nos preguntamos por
su bienestar y futuro, incluyéndome.
Nos
duele más el país de lo que nos imaginamos, nos duele ver que el pasado se esté
resquebrajando por la ineptitud de la avaricia que emana la plaza de Bolívar en
el congreso.
Yo
desde acá apoyo con toda el alma la causa por la cuál se está luchando y la
adrenalina me hace querer unirme a las marchas, en caso de continuar, aunque
temeroso de lo que pueda ocurrir, me deja patidifuso ver a tantas personas
solidarizarse con los campesinos, ver manos tendidas para los demás.
Si
por algún motivo este mensaje llega pronto a algún manifestante activo, eviten la
violencia, no se rebajen, las palabras son más poderosas de lo que se imaginan
y más cuando vienen de una masa de la cantidad que hoy se ha unido.
No
lancen piedras porque les provoca o sienten rencor hacia la fuerza pública,
están perjudicando a los manifestantes que se interesan por sus cosechas. No se
las den de Che Guevara, que estamos en Colombia y no tenemos necesidad de
imitar nada ni nadie.
No,
sean inteligentes, usen el razonamiento y piensen en que no solo ustedes pueden
salir lastimados, sino aquellos que están a su alrededor con el propósito de
marchar pacíficamente.
Posiblemente
sea tarde para un millar de cosas, pero no es tarde para darnos cuenta que en
la sangre que corre por nuestras venas, que cuando tenemos algo por lo que
luchar, todos somos uno. Esto es más que coca, más que Pablo, esto es más que un estigma social. Somos todos una misma familia.
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