martes, 25 de octubre de 2011

Un atardecer desmantelado

Qué tan fácil te llevaste la felicidad de mi ser. Qué fácil borraste la sonrisa que creía permanente. Un fuego arde en mi garganta, un fuego destructivo que no pide más que le deje salir, que abra la boca para escupirlo con palabras malditas, ensordecedoras y mezquinas.

Oh, maldita seas, indecisión, maldita seas y te den condena en el infierno, que seas clavada con el tridente demoníaco y sucumbas ante mis ojos. No me arrastrarás más con tu lazo sobre mi cuello, nunca más. Aléjate de una vez por todas y déjame salir de éste calabozo de penumbra, que no más deseo ser libre de ti, alejarte a la profundidad de mis confines ilusorios.

Pero solo caigo y caigo en éste extenso vacío. Cada que intento adentrarme profundamente, me tomas a lo alto para una caída más prominente.

No más atardeceres desmantelados, déjame acariciar mis ilusiones y sueños más oscuros, pero contigo lejos de mí, contigo difunta en la tumba de mi consciencia.

Deja mi mundo, déjame, déjame, no atormentes más mis sueños. Lárgate, indecisión…¡Lárgate!

No hay comentarios:

Publicar un comentario