El viejo edificio al que se fue a vivir, tenía una fachada acabada y antigua, los vidrios eran amarillentos y los ladrillos estaban agrietados, tenía cinco pisos y había flores marchitas en los balcones que daban a la calle. Lo único hermoso del edificio, era el portón, que estaba hecho de una madera fuerte. Ahora que me doy cuenta, siempre he admirado las cosas hechas de madera.
El que atendía en la puerta era un señor viejo, canoso con muchas arrugas y de mirada triste, estas personas hacen recordar que el paso de los años suele ser cruel y despiadado con aquellos que menos lo merecen. El edificio por dentro era modesto y cálido, el vestíbulo era de tamaño medio y tenía una mesa y dos sillones donde a veces se sentaban los viejos del edificio a fumar y a hablar de comunismo y a criticar el cruel capitalismo. Había una gran matera con plantas verdes. En la mitad del vestíbulo había un tapete rojo y a un lado de la puerta estaba el puesto del viejo, donde él se sentaba a leer el periódico.
En el cuarto piso, en el apartamento 404 vivía un joven; ingenuo e idealista que había dejado a su familia hace aproximadamente seis meses y estaba trabajando en una librería, no le pagaban mucho, pero si lo suficiente para poder sostener aquel apartamento. Disfrutaba mucho su trabajo, pues se pasaba el día leyendo a sus escritores y filósofos favoritos, como: Jorge Luis Borges, García Márquez, Sabato, Carlos Fuentes, Hemingway, Poe, Nietzsche, Marx… Amaba tanto su trabajo que pensaba que podía continuar así el resto de la eternidad, aumentando sus lecturas y conocimiento filosofo-literario.
También escuchaba música, cuando no había mucha gente, y pensaba en su vida, en los errores que había cometido, en lo que le faltaba por hacer y la mujer que le hacía falta amar. Mientras tanto, sonaban los rasgueos de la guitarra de Jimi Hendrix y una que otra vez la gloriosa voz de Janis Joplin. Esta música interesaba a uno que otro bohemio que pasaba por allí, entraba y compraba algún libro de Johann Wolfagang von Goethe y se sentaba a fumar uno o dos cigarrillos con el joven, mientras hablaban y escuchaban la prodigiosa música.
A veces, entraban en la librería mujeres de su edad, buscando libros de poesía, con las cuales conversaba e intentaba enamorar con sus libros y su baúl de cuentos imaginarios que tenía como un arsenal de tanto leer.
Algunas veces, también invitaba a los bohemios y a las mujeres a ver películas, se iban a la parte trasera de la librería a pasar la noche viendo a Kubrick hasta que amanecían, se formaban grupos donde al final comentaban las películas y llegaban a conclusiones como esta, (algunas que puedo recordar)
- El director de cine, es un asesino, que comete un crimen, que en si es el argumento de la película. Cuidadosamente este deja algunas pistas para que lo puedan encontrar a la hora de grabar y reconstruir la película. Al final este se convierte en detective y se persigue así mismo hasta encontrarse con él mismo al final de la película.
Un trueno irrumpió sus anhelados sueños. Cuando estuvo en si nuevamente, se dio cuenta que vivía con sus padres. Y sudoroso arregló sus maletas y marchó por la puerta.
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