martes, 25 de octubre de 2011

Desgracia

Con la lluvia azotando las ventanas es difícil escuchar mis propios pensamientos. Ahora la pluma y el papel parecen imanes opuestos, no se tocan, ¡no se tocan! Y es que la pluma es una dama, necesita ser cortejada, halagada, adulada, venerada, respetada…y yo sin fuerzas, sin ganas… ¡que impaciencia! Es posible, casi probable, que me sangren los dedos antes que esta digna señora me socorra en la de la desgracia.

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