viernes, 21 de octubre de 2011

De tu muerte, tu entierro, mi felicidad.

Inexplicable tu maldad es, despreciable tu sonrisa se hace, pero amarte es lo que no puedo dejar.

Pero es suficiente, porque no dejaré que éste cáncer se extienda por mi corazón, haciéndolo partir a la tumba antes que tus crímenes lascivos y desdichados. Ay, corazón, te enviaré al lugar más lejano, donde los hombres van pero no vuelven, donde permanecen condenados al karma de su pasado, a las divinidades ocultas y a la vida que jamás merecimos.

Allí es donde irás, a cuatro paredes de madera, bajo 8 metros de tierra, aprisionada en una muerte prematura, pues no soporto más que me tortures con tus mentiras. Te quiero odiar, te voy a odiar, no quiero despertar con un monstruo a mi lado, un ser oscuro que acecha la noche, que a la hermosa luna la pone en un jaque mortal, convirtiendola en una desagranda luz roja.

Pero eso tendrá fin hoy, hoy robaré tu alma, te quitaré la vida y rescataré la mía que tanto aprisionas en tus ojos, sacar mi tristeza, ésa espina que me ha estado torturando tanto tiempo.

Adiós, amor mío, hoy te aprisiono en el sufrimiento eterno que tuve, hoy el sol se alza por el horizonte para iluminar el nuevo camino que he de tomar sin ti.

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