viernes, 21 de junio de 2013

Para siempre


Era hora de la lección de dibujo en la escuela de Juan, no le molestaba esa clase, pero siempre se distraía mirando a sus compañeros y pensando en qué haría en sus ratos libres; sus trabajos no eran particularmente buenos y le molestaba no tener ningún tipo de habilidad o aptitud para hacer buenos trazos.

En ese momento, llegó a su grupo una nueva estudiante. Era una chica de una apariencia más pueril que el resto de sus compañeros, sus ojos eran grises, su cabello ralo era muy rubio; dorado, sus cejas eran delgadas, casi imperceptibles. Parecía que nunca había estado expuesta al sol, pues su piel era muy blanca, diáfana, diferente a la de todos los demás, en esa zona geográfica del mundo era poco común ver a una persona con éstas características.

Desde que ella entró, Juan no pudo quitarle los ojos de encima, no sabía muy bien cuál era la razón. La extraña sensación que le producía aquella intrusa, era nueva para él. No sentía desprecio, pero sin duda había algo que le incomodaba. Había algo en su interior que le borboteaba con violencia. Algo no encajaba a la luz de los ojos de Juan.

La profesora acogió con amabilidad a la nueva estudiante. Al preguntarle su nombre para presentarla en la clase, la criatura respondió: Natasha. La voz de la niña era gutural y su labios apenas se movieron, ni siquiera se atrevió a alzar la mirada para hablarle a sus espectadores.

Esa situación casi cotidiana y trivial, iba a marcar al niño. Esa escena trágica, iba a ir más allá de una simple sensación irritante que se producía en las vísceras de Juan. Acostumbrado a desechar o ignorara aquello que no le producía satisfacción o interés, la hipnosis producida por Natasha no era normal.

Finalmente, la niña se sentó a un poco distancia de él, con una mirada de soslayo, Juan podía apreciarla o despreciarla. Él pensaba, que aquella presencia que le causaba resquemor, era algo generalizado en su grupo, pero cuando alzó la vista e hizo un barrido con sus ojos, pudo darse cuenta que nadie miraba a la extraña. Nadie comentaba al respecto, y Juan pensó por un momento que Natasha era una invención. Sin embargo, desistió de la idea, un sentimiento tan vehemente, no podía ser causado por la imaginación del chico.

La chica que siempre tenía una actitud impertérrita y recatada, en todas las clases mantenía clavada la mirada en un libro que sacaba de su mochila, en la portada del libro había unos dibujos célticos, unos cuantos soldados con lanzas y ropa de pieles y unas letras ininteligibles para Juan. Eso lo llenaba aún más de rabia, la niña construía un mundo misterioso alrededor, y nadie decía nada ni se preocupaba, solamente él, eso lo hacía sentir febril e irritado.

Un día la zozobra y el desasosiego de Juan se transformaron en un sentimiento extraño. Debido a la ausencia de Natasha, la profesora les dijo que ella regresaría a su país natal y que no volvería a clase. La rabia de Juan se transformó en un leve dolor en el pecho. De lo que aún no se iba a percatar, sobretodo por su edad, era que la ausencia y el dolor iban a ser para siempre.



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