miércoles, 5 de junio de 2013

Mi clásico Universal


Lovesong. Esa es la canción que me despierta esta mañana, la noche anterior había dejado la música de mi reproductor sonando para intentar dormir con serenidad. Pero la voz de Robert Smith era desgarradora; los arpegios y la melodía de esa canción que en algún momento de la vida me parecieron maravillosos, hoy me levantaban con implacables punzadas. El sol empieza a colarse en mi habitación y una espesa nube de zozobra invade el lugar. Soy consciente que al salir de casa e ir a la Universidad encontraría un poco de sosiego: iría directamente a la Biblioteca y me enfrascaría una vez más en la sección de Clásicos Universales, y entre página y página, miraría de reojo a la jovencita que ayuda a la bibliotecaria a organizar los libros. Pero la pesadumbre que me irrumpe era causada por el recuerdo de cuando vociferábamos juntos esa canción de The Cure, y me susurrabas al oído el coro: I will always love you.
Así que el día comienza con el pie izquierdo, estoy seguro que no podré disipar esa imagen de mi mente. Camino por la avenida, siempre mirando al suelo, cabizbajo; miro los automóviles de vez en cuando, las ventanas de las casas y espero que aparezcas en algún lugar. Estoy acostumbrado a que la existencia sea un cúmulo de casualidades, una tras otra, pero esto sería demasiado, verte en la calle como un simple imprevisto, en la lejanía, es poco probable. Y aunque soy pesimista y no espero nada del azar, miro el rostro de las personas e intento buscarte en ellas.
Mis clases de Literatura finalizan a las dos de la tarde. Antes de ir a la Biblioteca me tomo un café oscuro mientras veo salir y entrar a otros estudiantes del edificio. Luego me siento en un sillón de la sección de Clásicos Universales mientras miro de reojo a la ayudante de la bibliotecaria e intento borrar la imagen que he tenido en mi cabeza todo el día. 

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