Lovesong. Esa es la canción que me despierta esta mañana, la
noche anterior había dejado la música de mi reproductor sonando para intentar
dormir con serenidad. Pero la voz de Robert Smith era desgarradora; los
arpegios y la melodía de esa canción que en algún momento de la vida me
parecieron maravillosos, hoy me levantaban con implacables punzadas. El sol empieza
a colarse en mi habitación y una espesa nube de zozobra invade el lugar. Soy
consciente que al salir de casa e ir a la Universidad encontraría un poco de
sosiego: iría directamente a la Biblioteca y me enfrascaría una vez más en la
sección de Clásicos Universales, y
entre página y página, miraría de reojo a la jovencita que ayuda a la
bibliotecaria a organizar los libros. Pero la pesadumbre que me irrumpe era
causada por el recuerdo de cuando vociferábamos juntos esa canción de The Cure, y me susurrabas al oído el
coro: I will always love you.
Así que el día comienza con el pie izquierdo, estoy
seguro que no podré disipar esa imagen de mi mente. Camino por la avenida,
siempre mirando al suelo, cabizbajo; miro los automóviles de vez en cuando, las
ventanas de las casas y espero que aparezcas en algún lugar. Estoy acostumbrado
a que la existencia sea un cúmulo de casualidades, una tras otra, pero esto
sería demasiado, verte en la calle como un simple imprevisto, en la lejanía, es
poco probable. Y aunque soy pesimista y no espero nada del azar, miro el rostro
de las personas e intento buscarte en ellas.
Mis clases de Literatura finalizan a las dos de la
tarde. Antes de ir a la Biblioteca me tomo un café oscuro mientras veo salir y
entrar a otros estudiantes del edificio. Luego me siento en un sillón de la
sección de Clásicos Universales mientras
miro de reojo a la ayudante de la bibliotecaria e intento borrar la imagen que
he tenido en mi cabeza todo el día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario