jueves, 27 de junio de 2013

¿Adicto?

Y yo…¿A qué soy adicto yo? Veo a todo el mundo desde lejos y las personas tienen un particular derroche de placer. Y yo, ¿En dónde entro yo en todo esto?

Algunos son adictos a leer, otros a beber, otros a las mujeres, otros a extraviarse del mundo y explorar espacios indeterminados por el ojo humano y la consciencia, otros, adictos a los dulces, helados, a la adrenalina, la velocidad, incluso a los dogmas. Y de nuevo pienso, ¿En dónde entro yo?, ¿Cuál es mi adicción?

En principio diría que no tengo una, diría que soy un simple humano que anda en busca de un propósito específico que me llene de tranquilidad y satisfacción. Pero, más allá de eso, más allá de la realidad, más allá de un bien material, de algo que me haga sentir lleno por unos segundos, encuentro lo que me desvela en noches largas.

Mi fijación va más allá. Mi fijación es soñar que un día yo pueda dejar algo qué recordar, dejar una huella grande, no en el mundo entero, sino en el mundo entero de cada persona. Yo sueño, soy adicto a soñar, soy adicto a imaginar y a buscar cómo materializar mi imaginación. Soy adicto a buscar la manera de repartir una que otra sonrisa, soy adicto a dejar a un lado mi felicidad por la de otra persona que en desespero, esté buscándola.

Mi adicción es conservar, no solo la increíble familia que me une por la sangre, sino la familia que tengo de amigos, la familia que me hace sentir completo, que me da la euforia que tanto busco, que me da motivos para escribir cada letra, cada palabra y oración que viene a mi mente. Es conservar al hermano de ideas que tengo, que hoy por hoy, está a mi lado dedicándose a lo mismo, que desde pequeños soñábamos con algo en común y ahora estamos encaminados en la misma pasión.


Porque cuando “el paraíso deviene en infierno”, todo aquello que conforma mi felicidad, me devuelve el paraíso.

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