Y yo…¿A qué soy adicto yo? Veo a
todo el mundo desde lejos y las personas tienen un particular derroche de
placer. Y yo, ¿En dónde entro yo en todo esto?
Algunos
son adictos a leer, otros a beber, otros a las mujeres, otros a extraviarse del
mundo y explorar espacios indeterminados por el ojo humano y la consciencia,
otros, adictos a los dulces, helados, a la adrenalina, la velocidad, incluso a
los dogmas. Y de nuevo pienso, ¿En dónde entro yo?, ¿Cuál es mi adicción?
En
principio diría que no tengo una, diría que soy un simple humano que anda en
busca de un propósito específico que me llene de tranquilidad y satisfacción.
Pero, más allá de eso, más allá de la realidad, más allá de un bien material,
de algo que me haga sentir lleno por unos segundos, encuentro lo que me desvela
en noches largas.
Mi
fijación va más allá. Mi fijación es soñar que un día yo pueda dejar algo qué
recordar, dejar una huella grande, no en el mundo entero, sino en el mundo
entero de cada persona. Yo sueño, soy adicto a soñar, soy adicto a imaginar y a
buscar cómo materializar mi imaginación. Soy adicto a buscar la manera de
repartir una que otra sonrisa, soy adicto a dejar a un lado mi felicidad por la
de otra persona que en desespero, esté buscándola.
Mi
adicción es conservar, no solo la increíble familia que me une por la sangre,
sino la familia que tengo de amigos, la familia que me hace sentir completo,
que me da la euforia que tanto busco, que me da motivos para escribir cada
letra, cada palabra y oración que viene a mi mente. Es conservar al hermano de
ideas que tengo, que hoy por hoy, está a mi lado dedicándose a lo mismo, que
desde pequeños soñábamos con algo en común y ahora estamos encaminados en la
misma pasión.
Porque
cuando “el paraíso deviene en infierno”, todo aquello que conforma mi
felicidad, me devuelve el paraíso.
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