jueves, 6 de junio de 2013

Deseos


Encontrarás a la mujer del café, como Oliveira encontraba a la Maga. La hallarás mirando por encima de los libros en alguna biblioteca. Sin previo aviso cruzarán la mirada y ella esbozará una leve sonrisa. La comisura de sus labios será lo único que necesitarás para sobrevivir.
La conocerás entre cuentos y canciones, se desvanecerá entre tus manos, rauda como se le desliza el agua al sediento, violenta e implacable como las letras se aglomeran en las hojas de los escritores. Pero sin más y sin anunciar, volverá a ti. Y aunque sabrás que te ama y te asegurará que es infalible, las atrocidades que se verá abalanzada a acometer a causa de la literatura, te causarán un profundo dolor, y recordarás el mito de Sísifo y las minuciosas reflexiones de Camus.

Al llegar a casa, exhausto de trabajar, alienado de escribir las mismas historias en el periódico local, la encontrarás frente a la chimenea quemando las historias que escribió durante todo el día. Ella llorará un poco y luego escuchará los lamentos de Robert Smith.

Te recordará el día que se vieron en el café, te leerá nuevamente ese fragmento que escribiste muchos años atrás: Olor a vainilla. Se reirá con nostalgia y melancolía de aquellos años que nunca volverán. Hablará de su trabajo como ayudante de biblioteca y mencionará los mucho que le gustaba oler los libros antes de acomodarlos en su respectivo lugar. Además te confesará que buscaba en los registros de la biblioteca para saber exactamente qué libros pedías prestados, para hacer una lista y ella también leerlos.
Hablarán de la vida, se llenarán de lágrimas y tristeza; volverán a comenzar la vida, junto al otro.  

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