lunes, 4 de marzo de 2013

UN DÍA DE ESTOS…


Me pegaré un tiro. El desespero que me rodea después de estar calmo un largo tiempo, para luego tocar mi puerta y visitarme como si fuera bienvenido, sin más. ¿Es que acaso no puedo olvidar como una persona común y corriente? ¿Qué es lo que mantiene esa raíz a medio morir? Intento matarla, arrancarla, calcinarla, pero de alguna manera, se recupera de su temporal muerte y queda en ese estado de coma que resulta inquietante, casi indescriptible. ¿Cómo puedo lograr ser insensible, frío y un sinfín de cosas que me identifican, pero no lograr acabar con esa raíz? No logro comprenderlo.
¡Maldita sea la cosa que te mantiene con vida! A lo mejor succionas mi vida en su plenitud, en alegría efímera, en la dicha de cada día. No sé de qué vives, raíz oscura, pues en mi consciencia no te doy alimento. ¿Y si invades mis sueños? Debe ser eso, aprovechándome con la baja guardia e inconsciente en medio de mis construcciones oníricas, con tu proyección a lo lejos desangrándose pidiendo que te dé vida, que te tome de la mano, pero aún más importante, que deje que mis oídos escuchen tus palabras marañosas, cual sirena lleva a su víctima al mar encantándolo con esa belleza física y verbal, haciéndome ahogar en mi propia laguna de ideas, demoliendo mis sentidos con tu lengua de serpiente, con tu mirada angelical que tanto deseé y ese tono de voz demoníaco que tanto odié.
Ya no puedo ni soñar, pues al sentir tu aroma en mis momentos de sueño, me veo obligado a retirarme inmediatamente, ordenar a mi cerebro a despertar, mientras tú me ves alejarme, esperando otra noche más, acechante a que yo abra de nuevo las puertas de mi mundo.

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