Me
pegaré un tiro. El desespero que me rodea después de estar calmo un largo
tiempo, para luego tocar mi puerta y visitarme como si fuera bienvenido, sin
más. ¿Es que acaso no puedo olvidar como una persona común y corriente? ¿Qué es
lo que mantiene esa raíz a medio morir? Intento matarla, arrancarla, calcinarla,
pero de alguna manera, se recupera de su temporal muerte y queda en ese estado
de coma que resulta inquietante, casi indescriptible. ¿Cómo puedo lograr ser
insensible, frío y un sinfín de cosas que me identifican, pero no lograr acabar
con esa raíz? No logro comprenderlo.
¡Maldita
sea la cosa que te mantiene con vida! A lo mejor succionas mi vida en su
plenitud, en alegría efímera, en la dicha de cada día. No sé de qué vives, raíz
oscura, pues en mi consciencia no te doy alimento. ¿Y si invades mis sueños?
Debe ser eso, aprovechándome con la baja guardia e inconsciente en medio de mis
construcciones oníricas, con tu proyección a lo lejos desangrándose pidiendo
que te dé vida, que te tome de la mano, pero aún más importante, que deje que
mis oídos escuchen tus palabras marañosas, cual sirena lleva a su víctima al
mar encantándolo con esa belleza física y verbal, haciéndome ahogar en mi
propia laguna de ideas, demoliendo mis sentidos con tu lengua de serpiente, con
tu mirada angelical que tanto deseé y ese tono de voz demoníaco que tanto odié.
Ya
no puedo ni soñar, pues al sentir tu aroma en mis momentos de sueño, me veo
obligado a retirarme inmediatamente, ordenar a mi cerebro a despertar, mientras
tú me ves alejarme, esperando otra noche más, acechante a que yo abra de nuevo
las puertas de mi mundo.
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