martes, 12 de marzo de 2013

LAS NUBES MILAGROSAS.


En tiempo cercano al cónclave la decisión que se tomará para escoger al nuevo máximo de la iglesia está causando revuelo en las personas de una manera que jamás creí ver en medio de mi ya consciente ser, comenzando por una frase que escuché de un compañero en el salón que decía: El papa es fundamental en nuestras vidas, incluso en las de los no creyentes. Yo respondí ¿Ah sí?, no en la mía. Hoy quiero hablar desde mi opinión personal, generar quizá un movimiento crítico en las mentes de aquellos que lleguen a leer lo que estoy a punto de expresar.
“Crean en Él”, ha sido frase milenaria por los representantes de la iglesia.  A esta frase se le añade que si creen en Él, tendrán la salvación, y yo me pregunto ¿Qué carajos están diciendo?
Desde pequeño me he cuestionado por cosas triviales, que al final desembocaron un río de pensamientos de corte ofensivo, porque sorpresivamente, se clama la libre expresión, pero aquellos que escuchan aquellas reflexiones mías, abren los ojos o sencillamente se voltean, sin siquiera permitir dar el comentario.
¿A quién se le ocurrió la idea de que si se oraba o se llevaba un estilo de vida semejante en todos los hogares, llevaría a la salvación?, es más, ¿Cuál salvación?
Desde hace unos años que tengo claro que la única salvación que encontraré al morir será precisamente esa, la muerte. La salvación de pasar una existencia horrenda o quizá completamente alegre, la salvación de descansar después de tantos años de vida, de logros, sonrisas, llantos y demás.
Hablan de esperanza, hablan de una vida junto a dios. ¿Y quién es dios?, es el que dicen que debo pedir perdón por mis pecados, al que debo arrodillarme para tener su perdón. Pues yo quiero decir que me arrodillaré a dios el día que él muestre su cara ante mí, y perdonará mis pecados el día que sepa que en realidad los pecados son pago para el tan mencionado perdón, pues no sé quién inventó los pecados como medio de pago para entrar a un parque de diversiones, pues así lo pintan.
Somos una sociedad que a través de los años se llena de jóvenes deshonestos, de adultos irresponsables, donde el pecado está más presente que las mismas bacterias. No pienso que alguien vaya a salvarme, y tampoco pienso que alguien esté desde arriba escuchándome, más que las nubes, las nubes “milagrosas”.
Quizá llegue el día en que los comunicadores de dios sean el ejemplo a seguir de las historias que proclaman. Ese día, el día en que la transparencia esté frente a mí, mientras dios asoma su cara por las nubes, ese día será el día en que me arrodille ante todos.

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