Suena de nuevo esa maldita alarma, la
misma de todos los días. Algunos rayos del sol entran por la ventana; una vez
más tengo que levantarme. Intento enviar todo al olvido y seguir durmiendo; no
quiero la misma cotidianidad. No tengo ningún remedio. Después de hacer todas
esas comunes actividades matutinas, que ya se imaginarán, salgo de casa. Pero…
hoy hay algo particular…
Camino por la avenida y me doy cuenta que
las personas tienen la cara desfigurada. Además, esos rostros se convierte en
una expresión de lamento. Siento náuseas, agacho la cabeza y camino
apresuradamente, no quiero ver más a estas personas.
Pero es inevitable, no hay una sola
persona que no tenga la cara desfigurada y emanan un hedor insoportable. Mis
ojos se llenan de lágrimas ¿qué pasó con las personas?
Alguien toca mis pies con agresividad y
desespero, es uno de estos seres amorfos, que ya no puedo llamar personas,
golpeándome y pidiéndome ayuda. Sus lamentos se tornan en gritos, su voz es
aguda y escalofriante:
- ¡Soy un ser miserable, lleno de miedo,
despojado de toda ilusión. Tengo miedo de convicciones y sueños!
Nuevamente siento náuseas, incluso tengo
una arcada. A este ser asqueroso le faltan sus ojos, su piel está repleta de
llagas y están recubiertas por un moco amarillento; el olor de este hombre es
nauseabundo. Le faltan sus dos extremidades inferiores. Tiene que hacer grandes
esfuerzos con sus brazos para arrastrarse hacia mí.
Doy unos pasos hacia atrás rápidamente y
me topo con algo. Es otro adefesio susurrándome sus lamentos; mi oído y rostro
queda salpicado de materia.
Corro lo más rápido posible, paso mis
manos por mi rostro, intentando limpiar esa babaza.
Es imposible.
Siento que mi piel la está absorbiendo, se
está convirtiendo en una costra dura y resistente, la angustia me invade.
Todo comenzó mal desde el principio, debí
quedarme dormido, al menos no tener esa desazón matutina.
Corro y corro; la costra se endurece,
mientras corro…
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