lunes, 11 de marzo de 2013

SANATORIO II


Supongo que no pensé que esto fuera a acabar en una serie, y mucho menos dos días seguidos, pero sencillamente hay tantas cosas en mi cabeza, tantos recuerdos, tantas penas.
Supongo que es hora de admitir las cosas, y ya no me importa que lo lean en público con mi nombre abajo donde dice “autor”. Temo acercarme pero odio estar solo, solo por un sentimiento de no sentir del todo. Intento ahogar mis demonios cada día con memorias superpuestas, pero ellos, en medio de todo este mar, saben nadar, saben correr más rápido que mis proyecciones voluntarias y hasta el día de hoy, no sé cómo lo logran.
No logro encontrar qué he logrado en mi vida, además de lo básico. Estoy agradecido por una madre que me ama, por un padrastro que asumió el rol de padre que nunca tuve y es mi acompañante en cada una de mis situaciones, de mis idioteces. Y qué decir de mi pequeña hermana que con verle los ojos inocentes todos los días acompañados de su sonrisa llena de vida, sin importar mi humor, me arregle al menos 5 minutos la existencia y me sienta feliz de tener un hogar completo, del que posiblemente muchas veces sea yo el que se ausente, pero que a pesar de eso, después de tanta espera, he logrado tener.
Sí, soy agradecido por tenerlo, pero cuando se refiere a mis ambiciones, no logro vislumbrar que haya conseguido algo más que un montón de ojos abiertos por la sorpresa de mis duras palabras, llantos, etc…
Solo sé de una vez que fui el sol para alguien, pero ese sol, con toda su furia, escupió fuego y destruyó todo a su paso, y ahora me pregunto ¿Qué queda para mí, si ya no soy un sol, sino una marea cambiante que se traga lo que esté cerca de la costa?
Sí, supongo que no tengo muchos logros en mi existencia con respecto a mis ambiciones, y a pesar de que me sienta derribado, ambiciono y añoro lograr marcar sonrisas en las personas, pero no logro conseguirlo. Supongo que así está escrito.

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