La angustia es incontenible. Nos invade. Es un
parásito. No puede ser controlada. Son irreversible sus consecuencias.
Generalmente, es inservible la forma de sobreponerse. Nos volvemos
inconsolables. Gotas brotan de nosotros, casi inadvertidas; si hacemos esfuerzos
por contenerlas, más agresivas salen de nosotros. Que paradójico.
Buscamos consuelo en lo bueno, en lo malo, en lo
oscuro, en lo claro, lo diáfano y opaco. Buscamos en la música, en los otros,
en la nada, en todo, en lo poco en lo mucho. ¿Qué pasa?
Muchos son reconocidos por su angustia. Pero finalmente
los termina destruyendo. Es un sentimiento humano casi tan inexplicable, como
el amor o el odio. A muchas personas se les nota en sus ojos, en su sonrisa, en
su caminar, el hablar incluso en la forma de amar.
En los libros, ¿cuántos escritores no nos invadieron
con su infinita angustia?
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