Salimos mi padre y mi hermana a encontrarnos con mi madre. Era de noche, pero no tenía idea de qué hora era, y tampoco era de mi interés, el tiempo no me parecía algo tan fascinante cuando caminaba sin una compañía de letras.
Tomamos un taxi en la avenida las Vegas. Al subirnos nos dirigimos a rodear dicha avenida, para tomar retorno al sur y llegar al punto donde nos esperaba mi madre.
El taxista tenía aspecto de ser un hombre de avanzada edad. Facciones humildes y amables me daban la confianza de que era un hombre de buena aura, por así decirlo, y además, se notaba la felicidad con la que vivía, la tranquilidad que debía de conseguir día a día, sintiendo la satisfacción de la tranquilidad incesante.
De repente, mientras daba arranque dijo:
- ¿Cómo le parece?, 3 jueces pa’ la carcel. Se roban la plata sin que nadie se dé cuenta y ahí vamos. Es impresionante, ¿no? (Dijo esto mientras alternaba su mirada hacia el asiento trasero y hacia mis ojos, a medida que yo sonreía por sus palabras). Es que ya no se puede confiar en nadie, deberían proclamar una ley que encierre a todos esos ladrones, todos esos timadores que andan sueltos…¿Pero cómo agarran a más de medio país, pues?, es que los pillaron con una confabulación con los mismos abogados, pero es que ya en ellos no se puede ni confiar. Imaginese hermano, que hace tiempito ya, mi hermana tuvo al hijo, pero ella después del parto no estaba en sus cabales y éstos infames le hicieron firmar un papel, e imaginese que era para vender al hijo por 5 millones. ¿¡Ah!?, qué tal pues…Y luego mi madresita fue a ponerles pelea, y se dio cuenta que eso estaba organizado por unas monjas para una pareja gringa. Y esas viejitas le ofrecieron plata por él, pero ella no aceptó y peleó por devolverlo con mi hermanita, tan linda mi madre. Pero es que eso se ve ya mucho, esos “cambiazos” los hacen en par guevazos, de una, sin que uno se dé cuenta. Ni en los médicos podemos confiar ya, jesús bendito. ¿Qué país le estamos dejando a nuestros hijos?, yo sufro por mis hijos y por mis nietecitos, qué tristeza ver el país en el que crecen, pero es que donde menos uno espera que esté, ahí está. Qué tristeza, qué tristeza. Pero bueno, ojalá por ahí haya alguien que cambie las cosas, porque que los hay, los hay.
Llegamos a nuestro destino, y a todas éstas palabras no logré sonsacar más acción por la tremenda alegría que me embriagaba la piel, los músculos, todo. Un narrador nocturno, que vive la vida humildemente me enseñó hoy que no solo nosotros sufrimos por el bienestar futuro, sino que él también se desvive por el futuro de sus hijos, sus nietecitos, su hermana.
Es cierto, ya casi en nadie podemos confiar, pero yo confío en que personas con ganas de un progreso son lo suficientemente confiables como para decirles “Muchas gracias” y una sonrisa del tamaño del cielo como regalo personal para ésas bellas almas que miran pasar la vida por sus ojos lentamente.
Pagamos y lo vi alejarse con una nueva ruta fijada, esperando que los nuevos pasajeros tuvieran el deleite que tuve yo de conocer una pequeña parte de su historia y opinión personal. Miré al cielo, sonreí, y caminé.
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