jueves, 3 de noviembre de 2011

Hundiéndome lentamente

El agua hoy no será benigna…No, hoy no será benigna. Es maligna, es maligna.

Me agarra el cuello mientras intento buscar un lugar donde pueda por fin respirar, me acosa, me asfixia, me asfixia con lentitud, nada más me queda cuando aparece las hostigación.

Es como un mar, un violento mar que me arrastra en sus corrientes con la facilidad con que el viento se lleva una hoja al aire. Me hunde cada vez más haciéndome ver como un abandonado huerfano, un desolado humano en medio del mar, que no es más que un literato, un músico con la convicción de nadar hasta la superficie y poder respirar. Pero en éste gigantesco y sofocante mar, no hay más lugar para esconderse…No, no hay más.

Quisiera nadar, nadar hasta el final de éste tunel infinito, éste aislamiento que me corta el aire crudamente y apacigua mi vida de la manera más atroz pensada.

Qué cansado estoy de nadar y nadar, pero ver que todo sigue igual…Las aguas no se aquietan de ninguna manera, todo sigue salvajemente desproporcionado, asfixia y nada más…Asfixia y nada más.

Cómo deseo, oh, cómo deseo salir de aquí, respirar aire que purifique ésta alma contaminada de banalidades cotidiana.

Se los suplico, aguas perversas, acalla éste aullido de guerra que son tus olas, permíteme respirar una vez más, ver el resplandor del sol que tanto me has quitado en las tinieblas de tu profundidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario