Entonces me encontré en aquél extraño barco, navegando en un mar de sueños, extrañas alucionaciones que me tentaban a seguirlas, a lanzarme a aquel mar de cristalino reflejo. Qué arduo es, oh qué difícil es no lanzarse a aquel mar que llama con melodiosa voz, como las sirenas que una vez tentaron a Odiseo, como Calisto que lo aprisionó .
Y el barco no conseguía navegar, estaba atorado, como si un ancla de peso inimaginable se posara en el suelo, impidiendo todo movimiento. Era Calisto invitándome a caer en su tentación, a ser su prisionero por 7 años.
¡Qué cruel sueño me sometía a ésta pesadilla, a ésta tortura!, como si no fuera suficiente tener que lidiar con la vida misma, para que ahora ésta mujer me tomara forzadamente a emprender un nuevo viaje.
Los sueños son continuos y no se detienen para dar compasión alguna a la paz deseada…Pero cómo escapar, si me siento como entre Escila y Caribdis. Qué difícil es evitar los peligros, a sabiendas de que esto conllevara a más peligros, pero la emoción y la curiosidad han sido los castigos del humano desde tiempos inmemorales. Pero es que así son los sueños, son ninfas seductoras que te llaman con una armoniosa voz y provocan que te lanzes a aquél lago, aquél misterioso lago que, cuando despiertes, jamás sabrás porqué te encontrabas en ésa fantasía de pasados, presentes y futuros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario