viernes, 28 de diciembre de 2012

Y...


Y construimos ciudades, bahías enteras, rascacielos, montañas, mares, planetas, melodías, personas, soles y una infinidad de cosas a la luz de la inspiración que cada noche llegaba con la calma, la sencilla calma que abundaba en medio de cada palabra que se escurría en medio de la insinuación, en medio de la creación de los sueños infinitos que fluían a través de la mar de todas estas ideas inusitadas y desusadas.
Y fue así que soñé cada día en las ciudades que construimos en medio de la juerga, de las risas, de las calles recorridas y las palabras que nos acompañaron al caminar por las oscuras calles de la ciudad, con las negras nubes surcando el cielo mientras nos miraban desde allí,  con el despreocupado caminar, mientras que en nuestras mentes se alzaban edificios, volcanes, y un millón de nuevos amaneceres.
Y allí comprendí, en medio de las metrópolis que diseñamos, que era el único lugar donde te encontraría, donde serías libre, donde envejecerías y bailarías con la sonrisa dibujada en el rostro. Que tu esencia jamás se perdería y que la nostalgia se iría de tu estropeada alma y…finalmente, comprendí que eras la calma que siempre necesitaste ser, que fuiste para todos, pero jamás para ti.

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