Y
el reloj marca la hora y todo se convierte importuno o maravilloso, todo tan
relativo, pues la medianoche es la maldición de las letras, donde nos perdemos
en medio de las interminables conversaciones, los mágicos sueños revestidos de
sonrisas, las tragedias enmarcadas en lágrimas y las vidas pasando lentamente
en medio de los segundos.
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