CAPÍTULO 1:
NACIMIENTO
La
ciudad tronaba en medio de la oscura penumbra que tenían hoy por nombre nubes.
Los edificios se veían borrosos desde lo que alcanzaba a vislumbrar desde mi
ventana. Era un caos. Granizaba fuego, los cielos estaban rotos, nadie caminaba
por las calles. Pareciera que era yo el único habitante de allí.
Caminé
a la cocina para tomar un poco de agua, tomar una ducha y dormir, esperando que
el nuevo día trajera la luz del sol a mis ojos, pero la puerta sonó y mi
corazón se detuvo con temor abrupto, pues acababa de ver que las calles estaban
desoladas, la ciudad desierta y sabía que ningún lugar de ella estaba habitada,
pues la ciudad era mi mente, y yo el dios que la controlaba…No había decidido
poner uno de mis titeres que me acompañara en mi ciudad, mi soledad.
Miré
por la ranura y vi una sombra encapuchada esperando a ser atendida. Mi terror
fue aún más grande. Apagué las luces, procuré no hacer ruido y fui por un
cuchillo que dejé en la cocina en caso de que irrumpiera. Pero caí en la cuenta
de algo que resultaba más que obvio, ¿por qué no simplemente hacerlo
desaparecer, si era mi cabeza el lugar de los hechos?, así que imaginé que
desaparecía, que se borraba por completo de aquél pasillo en el que se
encontraba al acecho. Confiado de mi acción, caminé hacia la puerta y vi que la
sombra no se había movido ni un centímetro, y para colmo, pateó mi puerta hasta
derribarla encima de mí y pronto vi que el cuchillo que tenía en mi mano
desaparecía para reaparecer en la suya, como si mi mente fuera en realidad su
hogar.
Traté
de levantarme lo más rápido y correr hacia el pasillo, lanzarme por las
escaleras a medida que las borraba de mi mente pero al mirar atrás, la sombra
continuaba bajando, como si las escaleras jamás hubieran desaparecido.
Salí
del edificio y corrí por la calle en medio de la lluvia, intentando esconderme.
No me di cuenta que de repente había gente corriendo, tratando de ocultarse de
la lluvia, así que intenté camuflarme con ellos y corrí hacia un callejón donde
intenté ocultarme con una caja de cartón.
¿Qué
era aquello que tanto me perseguía?, jamás lo había visto en mi vida, jamás
tuve esa sensación de vacío, de bloqueo mental. ¿De dónde salió aquella
criatura, si era yo el dueño de mis pensamientos y se comportaba como si fuera
yo un esclavo de mi propia creación?, no lo comprendía, no entendía qué era ese
ser que con tantas pretensiones me intentaba dar caza…Tenía miedo.
Eso
es…¡Miedo!, la razón por la que había deshabitado la ciudad y encerrarme en mi
cabeza…El miedo me ha encontrado de nuevo, me había estado acechando desde
hacía días y nació en las más oscuras opacidades.
Todos
los humanos nos alejamos de nuestros miedos, nos refugiamos donde nadie nos
puede encontrar, en nosotros mismos…Pero nos encerramos en un callejón sin
salida, pues al fondo de este, se encuentra la primicia de lo que queríamos
escapar. Nace dentro de cada uno, nos acecha en la realidad e incluso en la
inconsciencia. Me acomodé en la caja, miré hacia todas partes para verificar
que no estuviera cerca y me eché a dormir.
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