martes, 4 de diciembre de 2012

LOS MIEDOS.


CAPÍTULO 1:
NACIMIENTO
La ciudad tronaba en medio de la oscura penumbra que tenían hoy por nombre nubes. Los edificios se veían borrosos desde lo que alcanzaba a vislumbrar desde mi ventana. Era un caos. Granizaba fuego, los cielos estaban rotos, nadie caminaba por las calles. Pareciera que era yo el único habitante de allí.
Caminé a la cocina para tomar un poco de agua, tomar una ducha y dormir, esperando que el nuevo día trajera la luz del sol a mis ojos, pero la puerta sonó y mi corazón se detuvo con temor abrupto, pues acababa de ver que las calles estaban desoladas, la ciudad desierta y sabía que ningún lugar de ella estaba habitada, pues la ciudad era mi mente, y yo el dios que la controlaba…No había decidido poner uno de mis titeres que me acompañara en mi ciudad, mi soledad.
Miré por la ranura y vi una sombra encapuchada esperando a ser atendida. Mi terror fue aún más grande. Apagué las luces, procuré no hacer ruido y fui por un cuchillo que dejé en la cocina en caso de que irrumpiera. Pero caí en la cuenta de algo que resultaba más que obvio, ¿por qué no simplemente hacerlo desaparecer, si era mi cabeza el lugar de los hechos?, así que imaginé que desaparecía, que se borraba por completo de aquél pasillo en el que se encontraba al acecho. Confiado de mi acción, caminé hacia la puerta y vi que la sombra no se había movido ni un centímetro, y para colmo, pateó mi puerta hasta derribarla encima de mí y pronto vi que el cuchillo que tenía en mi mano desaparecía para reaparecer en la suya, como si mi mente fuera en realidad su hogar.
Traté de levantarme lo más rápido y correr hacia el pasillo, lanzarme por las escaleras a medida que las borraba de mi mente pero al mirar atrás, la sombra continuaba bajando, como si las escaleras jamás hubieran desaparecido.
Salí del edificio y corrí por la calle en medio de la lluvia, intentando esconderme. No me di cuenta que de repente había gente corriendo, tratando de ocultarse de la lluvia, así que intenté camuflarme con ellos y corrí hacia un callejón donde intenté ocultarme con una caja de cartón.
¿Qué era aquello que tanto me perseguía?, jamás lo había visto en mi vida, jamás tuve esa sensación de vacío, de bloqueo mental. ¿De dónde salió aquella criatura, si era yo el dueño de mis pensamientos y se comportaba como si fuera yo un esclavo de mi propia creación?, no lo comprendía, no entendía qué era ese ser que con tantas pretensiones me intentaba dar caza…Tenía miedo.
Eso es…¡Miedo!, la razón por la que había deshabitado la ciudad y encerrarme en mi cabeza…El miedo me ha encontrado de nuevo, me había estado acechando desde hacía días y nació en las más oscuras opacidades.
Todos los humanos nos alejamos de nuestros miedos, nos refugiamos donde nadie nos puede encontrar, en nosotros mismos…Pero nos encerramos en un callejón sin salida, pues al fondo de este, se encuentra la primicia de lo que queríamos escapar. Nace dentro de cada uno, nos acecha en la realidad e incluso en la inconsciencia. Me acomodé en la caja, miré hacia todas partes para verificar que no estuviera cerca y me eché a dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario