He pensado hoy
que éste año ha sido recargado de sucesos que me hacen pensar que el mundo
podría estallar el 21 de Diciembre y no me importaría.
No sé si ha sido
algún movimiento estratégico estatal, político o de cualquier índole, pero sea
lo que sea que maneja todo esto, le agradezco por haberme tenido como un
maldito imbécil lo que llevamos de año.
Llámenle
destino, coincidencia o lo que sea, pero ha sido un año con gratas sorpresas.
Aunque no puedo decir que no han faltado los hijos de puta que se forman como
astillas en los pies, pero como astillas, fácilmente se patean lejos.
Aún así, sin
descuidarme de lo demás, me agrada ver que las cosas parecen mejorar y las
personas se muestran en una perspectiva más semejante a la mía, para añadir a
los sucesos buenos que ocurren, pero lo que quiero decir, dejando aparte todo
esto, es que puede que hayan buenos momentos, que este año esté siendo de alguna
manera gratificante, sin embargo, la lucha sigue, y los desgraciados siguen
cazando, los pobres siguen en las calles con las manos extendidas y yo con la
impotencia de no poder hacer algo significativo por esas personas.
Es cierto, hemos
tenido un buen año, pero sin desviar la mirada, tenemos el mismo trayecto y el
mismo deber a futuro. Cambiar esta puta patria de una buena vez, demostrar que
no queremos ser controlados nunca más, volcar la mesa y poner las cartas, sin
dejar atrás nuestra esencia, pues con ella expondremos un nuevo amanecer.
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