Antes de recibir tu carta de despedida, yo me leía y preguntaba, intentaba reflexionar sin mucho éxito que podría ser lo mejor para ambos, bueno, especialmente para ti.
Al recibir tu carta de despedida, fue como ver una condenada oscuridad, o tal vez una profunda luz de libertad. Solo depende de como me quiera hundir, o mejor como te quieres hundir en mis recuerdos.
Me establecía y me preparaba todos los días para idolatrarte y me devolvías un puñado de aire, de nada desintegrada. Sin embargo, todo eso era suficiente para generar una pequeña inspiración y seguir leyéndome día a día, para retribuírtelo nuevamente.
A veces dudo que seas real, que simplemente existas en mis sueños. No sé, lo único que puedo asegurar es que si en mis ideas estás, no necesitas ser real o imaginaria para existir.
Idealmente siempre estarás.

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