Ésta tarde estaba escuchando una de mis canciones favoritas de el grupo Muse. Hablaba de el efecto mariposa de la teoría del caos, que describe cómo pequeñas individualidades pueden marcar diferencia, asimilado como que el leve aleteo de una minuiciosa mariposa puede cambiar el curso de un Huracán.
Ahora, si esto es posible entre la diminuta fuerza y vida que tiene una mariposa ante el gran poder destructor que tiene un huracán, ¿Por qué no cambiar el curso de un contaminado tiempo?, si se llega a pensar que el más mínimo cambio puede llegar a ser un movimiento controversial para el curso de la cotidianidad. El gran problema surge a partir de que las personas, al parecer (Y en términos de la teoría del caos) no saben aletear y alejar el huracán.
Al final, se ve gente intentando alejar el curso de ese tormentoso huracán, cambiando, pensando, hablando, escribiendo, cantando. Veo gente queriendo un lugar mejor y que a pesar de lo que la vida les arroja, siempre han querido mejorar en sus días, hacer esa pequeña individualidad para marcar diferencia y que en realidad, la belleza sea totalmente cegadora ante una población que dice tener los ojos abiertos. Que las mentes se vuelvan mentes supremas y que en su trayecto permanezcan en la cima, que no todo lo impuesto sea una ley, que nuestra voluntad sobresalga por encima de una masa agresiva, vil y atropeyante, que nuestros ideales formen una resistencia ante la inmundicia social, que las canciones lleguen a ser los nuevos himnos, que la tolerancia sea nuestra espada, y la diferencia nuestro escudo. Hoy he decidido dar un aleteo al huracán y dar un mínimo esfuerzo ante esa máquina atroz por un cambio de realidad
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