jueves, 7 de noviembre de 2013

Miedo.

He tenido miedo. He tenido miedo, angustia. Me da miedo rendirme, me da miedo decepcionar a las personas y, sobre todo, a mí mismo. A veces, cuando los músculos arden en medio del Tatami, cuando el cuerpo no da más y necesito parar, siento impotencia de no poder lograr más, pero quiero continuar. Uno de los mayores miedos los tuve el sábado pasado, en medio de chorros de sangre y un ojo cerrado, temía a fracasar, de que mi cuerpo no diera más. Temía decepcionar lo que tanto he querido. A veces pienso rendirme, pero temo a ser juzgado de flojo, de incumplido y prometí que algún día, dedicaría una victoria a un amigo al que llevo escribiendo un rato cada mes desde que partió del mundo.

Y es ahí donde intento sacar motivación para continuar, sacar toda esa basura que me nubla la razón, que no me deja. Encuentro en este lugar una familia en donde río, donde aprendo, donde me siento tranquilo y el tiempo pasa rápido, lamentablemente.

Pero tengo como objetivo dejar de lado lo que yo mismo no puedo entender y hacer por una vez lo que siempre soñé y sé que lograré construir esa senda.


Y cuando por fin logre pisar la lona, iré hacia adelante.

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