He tenido miedo. He tenido miedo,
angustia. Me da miedo rendirme, me da miedo decepcionar a las personas y, sobre
todo, a mí mismo. A veces, cuando los músculos arden en medio del Tatami,
cuando el cuerpo no da más y necesito parar, siento impotencia de no poder
lograr más, pero quiero continuar. Uno de los mayores miedos los tuve el sábado
pasado, en medio de chorros de sangre y un ojo cerrado, temía a fracasar, de
que mi cuerpo no diera más. Temía decepcionar lo que tanto he querido. A veces
pienso rendirme, pero temo a ser juzgado de flojo, de incumplido y prometí que
algún día, dedicaría una victoria a un amigo al que llevo escribiendo un rato
cada mes desde que partió del mundo.
Y
es ahí donde intento sacar motivación para continuar, sacar toda esa basura que
me nubla la razón, que no me deja. Encuentro en este lugar una familia en donde
río, donde aprendo, donde me siento tranquilo y el tiempo pasa rápido,
lamentablemente.
Pero
tengo como objetivo dejar de lado lo que yo mismo no puedo entender y hacer por
una vez lo que siempre soñé y sé que lograré construir esa senda.
Y
cuando por fin logre pisar la lona, iré hacia adelante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario