lunes, 18 de noviembre de 2013

Lenguaje inmortal

El cabrón de Cortázar introdujo variaciones en el lenguaje, como por ejemplo el glíglico. Escribió capítulos con errores de ortografía, pasándose por el culo a la puta más barata: la RAE. Hizo lo que quiso en su literatura: vomitó conejitos, utilizó la esferecidad como más le convino; algunas de sus historias se revelaban en renglones impares y otras en los pares. Burló la inteligencia de la dictadura militar en argentina, utilizando con proeza la simbología en sus cuentos. Fumó hasta que se le pudrieron los dientes y habló hasta que murió con ese estúpido acento gutural afrancesado. Vituperó a los esnobs con dureza, y son ellos los que hoy en día se jactan de haber leído Rayuela al derecho y al revés. Y soy tan súbitamente bruto, que nunca lo he entendido.

Lo lograste, putón.

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