MI GUERRA.
Mi
guerra no es de tiros, mi guerra es de decisiones. Mi guerra no es de fusiles,
mi guerra es de palabras. Mi guerra no es de hambre, mi guerra es de nervios.
Mi guerra no es política, mi guerra son mis miedos.
Esa
guerra que comenzó una tarde soleada, esa guerra que llevo luchando por meses,
donde he tenido más derrotas que victorias. Donde siempre que logro levantarme,
desde algún remoto lugar, desde la más recóndita trinchera, algo dispara y me
hace caer de nuevo, esperando que algún socorrista pase en medio del campo de
batalla para curarme de nuevo y dejar de ver la espesa niebla que me llena cada
minuto del día, ese gas mortífero que lentamente me hace agonizar y caminar con
la poca voluntad que me queda hacia un nuevo horizonte, pero que finalmente, me
deja totalmente cegado, sin rumbo, sin destino, sin sueños.
Buscar
la felicidad es optimo y prioritario en el humano, pero se torna complicado
cuando cruzas por un campo minado, donde la explosión te deja aturdido y sin
saber cuál es el camino que debes elegir para continuar, esperando, anhelando
que algo desde los cielos, desde los más oscuros cielos, baje con una mano para
levantarte de la permanente pena y dolor para poder comenzar un nuevo ciclo
donde el sol brille y que haya por fin un cese al fuego, que las sirenas no
sean de ambulancias que llevan partes de mi mente a una sala de urgencias
buscando resucitar, sino que sean sirenas marinas que canten con el viento y la
libertad en la cara, con la sonrisa plena, feliz a la luz del sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario