Entró en su habitación después de tanto tiempo,
viendo las estanterías empolvadas por su tan prolongada ausencia. Sonreía con
nostalgia al ver el pasado, las páginas de los libros que tenían las hojas ya
amarillentas. Extrañaba su casa.
Pero
aún se cuestionaba algo. ¿Por qué había vuelto allí? Llevaba tiempo sin que
siquiera se le ocurriera regresar a sus cuatro paredes, a su viejo escritorio
con su vieja pluma y sus viejas hojas, pero a decir verdad, seguía sin
comprenderlo…Solamente volvió.
Solo,
mientras por las persianas de sus ventanas se filtraba un leve rayo de luz,
recordaba todos aquellos momentos de ira, de pasión, de amor, oscuridad,
alegría…Una infinidad de emociones que enterró en aquellos libros donde llevaba
siglos inmortalizándose.
Caminaba
y caminaba dando círculos, desempolvando las fotos viejas de cuando era un
pequeño junto a su madre, sonriendo levemente. Detalló que su habitación estaba
oscura, que había permanecido oscura durante años, así que tomó las persianas y
las abrió una por una, dejando entrar cada partícula de luz en aquél cuarto.
Paz fue lo que sintió
Corrió
su silla y de un soplido, seguido por unas cuántas sacudidas, se sentó en ella,
haciendo reminiscencia de las mil noches en que estuvo allí con algo en mente
para plasmar…Pero hoy, hoy no tenía absoluta idea del porqué estaba allí,
frente a su escritorio y su tinta lista para volver a derramarse por las hojas,
pero de lo que estaba seguro, es que se sentía tranquilo, sin ningún peso
encima, sin ningún fantasma que lo atormentara más, sin una preocupación más
que él mismo, y así, comenzó aquel nuevo texto con una sonrisa en el rostro.
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