Cierro los ojos. Abro los ojos. No sé si estoy dormido o estoy despierto. No sé si estás a mi lado, o caminando por las calles Turcas, Polacas, o quizá Austríacas. Quizá me estés mirando desde el otro lado de la cama, o quizá desde algún mirador Italiano, inglés o quizá canadiense…No lo sé, ¿Por qué?, porque estamos encerrados en el mismo lugar, caminando por distintos trayectos.
Te miro mientras caminamos, mientras desaparecemos, mientras imaginamos distintas personas en este retorcido mundo. Te miro en tus numerosos y ajenos besos, en tus andanzas. Creo espejos con tu reflejo a mi lado. Los rompo con la ira de mil espartanos antiguos por no tenerte. Esas fulminantes imágenes que me carbonizan el cerebro cuando no te tengo en mis brazos. Pero, ¿acaso tenerte en mis brazos durante un sueño es en realidad tenerte, o quizá solo alucino con tu presencia en mi deseo de posesión?
Así transcurren los días, de calle en calle, de ciudad en ciudad. Recuerdo haberte enamorado en las pirámides de Egipto, en la estatua de la Libertad, en un frío hotel durante el permanente invierno Ruso. Te acaricié en el tranvía de San Francisco, recogimos rosas en Holanda, y nos miramos los ojos en todo el mundo. Y ahora…Ahora no sé cómo encontrarte en este mar de sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario