Después de tanto tiempo, se encontró cara a cara con la muerte. Ella, orgullosa y petulante, se le acercó y le tomó del cuello, diciéndole “ Es hora”.
Él, confundido, miró a la muerte bajo su capa negra y le dijo que a qué se debía su grata visita, a lo que ésta le respondió, “Tranquilo, sólo eres otro desperfecto de éste retorcido e inmerecido mundo”.
Él, sonriente, le replicó con un tono sarcástico, “¿Acaso eres perfecta?”. La muerte, casi al borde de la ira y la confusión, se cuestionó a sí misma si lo era, si era perfecta. Con orgullo, vanidad y egoísmo, replicó, “¡Sí, lo soy!, pues tú eres un ser inmoral que con la frialdad de tu despedazada alma, tomas la vida de quienes no lo merecen”
El hombre, sonriente y satisfecho responde, “Pues, si no te has detenido, has de saber que los humanos tenemos el don de perdonar, lo que nos hace más perfectos a ti, pues nunca te has detenido a pensar en las consecuencias de tus apresuradas decisiones, y pensar que la muerte es el mejor castigo, es lo que te hace imperfecta, sin poder tomar decisiones, sino encadenada a una sola decisión, tal y como el mundo es ahora, destinado a gastar y gastar, sin detenerse a pensar en otra opción. Eres el ejemplo perfecto de la humanidad, de la generación actual, de los gobiernos ambiciosos que sin pensar acaban con poblaciones inocentes y enteras, que posiblemente a los ojos de ellos, tenían un futuro brillante en la civilización, pero con el afán y el deseo de poseer más, se derrumban los sueños….¡Así eres tú, muerte, así es el mundo que te estás llevando!”
Al dar jaquemate, la muerte, humillada e iracunda suelta al hombre y camina hacia la lejana puerta infernal.
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