Voy a ir al centro de los sueños, al profundo pozo de nuestra existencia, a lo más hermoso de nuestra soledad, al humeante acto de reflexionar, solo para ver como es. Si es enserio que vale la pena. Si es en realidad que la felicidad si se puede encontrar, aquí entre nosotros alrededor de nuestros actos y de nuestra vida con las personas, del amor, de la familia y de la vida compartida. Porque podré desilusionarme y creer que no está ahí (aquí dónde estoy parado ahora) y no algo efímero y pasajero que el ser humano y la sociedad también invento, como el mismo Dios, es decir su idea.
Quiero ver si la vida está ahí o en la soledad y los libros, los delicados sonidos de una guitarra, del calor solar del viento y sus besos, del tiempo asesino acompañado del exquisito sabor y olor del café y el cigarrillo. De la lluvia golpeando las ventanas y las tejas, de la luna, las nubes, los pájaros, los árboles, la naturaleza.
No sé, realmente esto se torna más confusa la vida, podría estar entre lo más evidente, o quizá esté ahí en lo más pequeño, lo más insignificante, aquellas cosas que nunca nos detenemos a mirar y a digerir aquello que encontramos tan cotidiano que ya no nos maravillamos de ello.
Quizá ahí encuentre la vida.
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